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Notapor La_profe » 16 Jun 2018, 22:09

Hola a todos:

Ya sé, ya sé, una página web que no se actualiza desde hace tiempo es algo muy triste. Publicad algo vosotros si queréis, y los artículos míos aparecerán aquí dentro de unas semanas. Os lo digo porque…

ahora mismo, cómo no, estoy en San Petersburgo, donde llevo ya bastante tiempo, y no me queda mucho, así que pronto empezaré a redactar unos artículos que, espero, puedan interesar a alguien.

Más o menos van a ser los siguientes:

- “La magia del Mundial” en las calles de San Petersburgo viewtopic.php?f=18&t=311&p=1036#p1036

- La nueva parada del metro “Begováia”: aquí sí hay playa viewtopic.php?f=18&t=311&p=1032#p1032

- Una visita a los ambulatorios del barrio: ¡viva la medicina rusa! viewtopic.php?f=18&t=311#p1031

- Glavpochtamt: la oficina central de correos en San Petersburgo viewtopic.php?f=18&t=311#p1034

- El tranvía petersburgués cumple 110 años viewtopic.php?f=18&t=311#p1038

- C/ Sadóvaia, 107: La casa en la que viví de pequeña viewtopic.php?f=18&t=311#p1029

- El estudio de arte del Palacio de los Pioneros: un encuentro con mi antigua profesora viewtopic.php?f=18&t=311&p=1028#p1030


Y quizá haya alguno más. Seguro que lo habrá. Porque aún hay tiempo.

- El concierto de "Torba na kruche" viewtopic.php?f=18&t=311#p1039


Un saludo desde Rusia.

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Re: LIVE in Saint Petersburg

Notapor La_profe » 07 Ago 2018, 23:07

C/ Sadóvaia, 107: La casa en la que viví de pequeña.

El día que fuimos a visitar nuestra antigua casa hacía calor. Habíamos pensado llevar a los niños al Museo de los Juguetes que está en el distrito de Petrográdski, pero estaba cerrado y entonces dimos un larguísimo paseo en tranvías. Primero en uno, luego en otro que, al final, nos llevó hasta la catedral Nikolski que está a unos pasos de la plaza de Turguéniev. Allí fue donde pasé mi primera infancia.

- Aquí nos casamos tu padre y yo – dijo mi madre mientras el tranvía seguía atravesando muy poco a poco la calle Sadóvaia.
- ¿Dónde? Aquí? ¿Es que es un Registro Civil?
- Sí, era un Registro Civil. Y ahora quizá lo sea también.
- Genial.
- Sí. Nos casamos, cogimos un tranvía y fuimos a casa.
- Pues vaya…
- ¿Por qué? Es romántico.
- Casi demasiado.

Bajamos en la catedral Nikolski al lado de la cual mis padres nos paseaban en carritos a mi hermana y a mí, y recordé como, al haber aprendido a leer a los cuatro años, intentaba descifrar los carteles en los edificios alrededor.

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Никольский собор


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Мы с папой рядом с Никольским собором, 1980-е


La última vez que paseé por el canal de Griboyédov a la altura de la catedral de Nikolski fue en verano de 2011. Y la última vez que estuve en la plaza de Turguénev, al lado de nuestra antigua casa fue en 2008. En los diez últimos años no había vuelto a verla.
- Aquí había un taller de costura y ahora es un hotel – dijo mi madre señalando un edificio – Y aquí estaban los cines “Record”. Veníamos tu padre y yo a ver películas.
- ¿Cuáles?

- Esto ya no lo recuerdo.
- Y ahora, mira, es una Casa de Juventud “Record”.
- Y allí donde está ahora aquella carnicería había una panadería. Era donde comprábamos pan.


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"Рекорд"


Por fin llegamos a la plaza de Turguénev. “Mira nuestra casa” me dije para mí misma. Una casa de un color entre morado y gris. Antes también era así.
- La puerta ya no es la misma, claro. Y antes se podía entrar libremente en el patio, pero ahora hay una reja y una cerradura con código.

Nuestra casa. Mi querida casa, no sé por qué razón. Aquella casa que sale en las viejas fotos en blanco y negro. No sé cómo puede ser, pero sigue siendo mi casa. ¿Y qué habrá sentido mi madre al verla de nuevo? Por que ella tiene muchos recuerdos más…

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Мама и К. около нашего дома, 1980-е


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Мама, К. и я в нашей комнате, 1980-е


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Мама и я. Мои первые шаги на площади Тургенева, 1980-е


- Y recuerdas a todos los inquilinos? – la pregunté a mi madre.
- Pues sí, creo que recuerdo, - dijo – Era un piso compartido, tenía un largo pasillo y nuestra habitación era la primera a la izquierda. Enfrente vivía Mulia Ch. con su mujer…
- ¿Mulia?
- Todos le llamaban Mulia, aunque en realidad era Mijaíl Lvóvich. En la siguiente habitación vivía la familia de los Domanski. Tenían una hija, Marinka que era un año mayor que tú. Jugábais juntas. Y al final del pasillo vivía una vieja solterona, no recuerdo su nombre. Lo curioso es que no solamente había vivido toda su vida en esta casa, sino que había nacido allí mismo.
- ¿Cómo? ¿En la misma habitación?
- Es posible. Y vivió toda la vida allí, en ese diminuto cuarto. El más pequeño de todos.
- ¿Y el cuarto de baño cómo era?
- El suelo estaba todo desgastado, hundido, porque se había podrido de la humedad, y debajo de la bañera alguien había metido unos railes para que no se cayera.
- ¿Cómo railes? ¿Railes de verdad?
- Pues sí, los del tranvía.
- ¿Y la cocina?
- Era grande, con dos cocinas de gas. Pero, como no, había cucarachas.
- Y nosotras, seguramente, apenas salíamos de nuestra habitación, eramos muy pequeñas.
- Claro. Pero también ibamos a pasear, a visitar a la abuela y, bueno, ibamos a muchos sitios.
- ¿Y salíamos a correr por el pasillo?
- No, jugabais en la habitación. Y cuando estabais enfermas y había que sacaros para ventilar la habitación, os envolvía en mantas y os sentaba en la cocina un rato.
- ¿Y adónde ibamos cuando salíamos por la ciudad? Sería en tranvía, ¿no?
- Sí, ibamos en tranvía al jardín Alieksándrovski, a la fortaleza de Pedro y Pablo para estar en la playa, al Parque de Atracciones del “Komsomol”.


Me ha sido difícil dejar aquella plaza esta vez. Estábamos de nuevo en la parada del tranvía, nuestra casa estaba justo enfrente de nosotros, como mirándonos, y pensé que lo que más quería era agarrarme a lo que fuera… al banco que había en la parada, a la rejilla del jardín, a la puerta de mi casa… Agarrarme tan fuerte que nada ni nadie me supiera arrancar de allí.

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2018


Pero ya eran las cuatro de la tarde, los niños estaban cansados después de haber jugado en los parques infantiles que mucho habían cambiado desde la época de mi infancia, y yo tenía que estar en casa a las seis para dar una clase por Skype.

El tranvía venía lleno, nos pusimos de pie al lado de las ventanas.
- En esta biblioteca tu padre y yo cogíamos libros.
- Seguro que veníais andando desde casa.
- Pues claro.

- ¿Y dónde estaba el dentista al que me llevabas? Te acuerdas como salimos del dentista y fuimos a comprarme una muñeca. ¿Dónde la compramos?
- Queda cerca de aquí, en el callejón de Grivtsov. Sigue habiendo allí una clínica estomatológica, fui a hacerme una muela allí hace poco. Y la muñeca la compramos en el “DLT” (“Dom Leningradskoi Torgovli”).
- ¿Y fuimos andando hasta allí? ¡Pero si tenía cuatro años! ¡Increíble!


Yo también tengo muchos recuerdos de aquellos sitios, de aquellos años. Y lo malo es que no sé cuándo volveré a ver mi casa de la plaza de Turguénev. Desde la última vez había pasado diez años. ¡Diez! ¿Cómo es posible?

A veces cuando vuelvo de San Petersburgo tengo la sensación de haber dejado allí a mí misma.


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Re: LIVE in Saint Petersburg

Notapor La_profe » 15 Ago 2018, 23:36

El estudio de arte del Palacio de los Pioneros: un encuentro con mi antigua profesora.

El Palacio de la Creatividad Juvenil, el antiguo Palacio de los Pioneros que cambió de nombre a mediados de los noventa, una de las residencias de los zares en los siglos pasados. En los pasillos y las salas de aquel palacio habían transcurrido los mejores años de mi infancia y de mi adolescencia. Unos siete años estuve aprendiendo a pintar y a dibujar en su estudio de arte.

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Mi hermana y yo fuimos admitidas en el estudio de arte del Palacio de los Pioneros cuando ella tenía cinco años y yo siete. Para ser admitido había que presentar cierta cantidad de dibujos y una vez que los vieran los profesores, a los padres se les informaba si su hijo era apto para aprender a dibujar o no.

Recuerdo como fuimos a clase por primera vez. La profesora, Elena Gennádievna Matiújina, bajó la escalera para recogernos y llevarnos arriba. Mientras iba bajando, la estuvimos observando y aún hoy recuerdo su imagen de entonces; su largo vestido vaporoso de color azul profundo, sus curiosas joyas de plata, puede que diseñadas por ella misma… Era muy joven, acababa de graduarse de la famosa Academia de Arte e Industria. Nosotros eramos su primer grupo de alumnos.

Y comenzaron las clases.

Unos años más tarde, los profesores del estudio decidieron formar un “grupo experimental” de los cuatro o cinco grupos que había en total. A partir de entonces teníamos ya clases de dibujo, de pintura, de la historia del arte, de escultura, de composición y de diseño gráfico. Seis materias y seis profesores distintos.

La pintura se me daba mal de verdad. Las clases de escultura me parecían bastante aburridas, y el diseño gráfico se me daba bien, pero no me entusiasmaba. Fue en clases de dibujo donde me sentía bien, y fue allí donde más pude alcanzar. ¡Con qué impaciencia esperaba esas clases! Y el profesor, Gennadi Aliexándrovich Matiujin, siempre será para mí el mejor que he tenido en toda mi vida.

En abríl de este año me escribió Elena Gennádievna para invitarme a la presentación del catálogo de la obra de Gennadi Aliexándrovich que falleció en 2012. No podía ni pensar en viajar a Rusia en medio de la primavera y tuve que decirle que nada más llegar a la ciudad, fuera cuando fuese, me pondría en contacto con ella y quedaríamos para vernos y charlar. Llevaba más de diez años sin verla.

Por fin llegó el día de la visita. Mi hija me acompañó.

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Mis piernas no me obedecían, las rodillas me temblaban cuando, igual que en la época de la adolescencia, empujé la gruesa puerta del Departamento de las Artes. Nada más entrar, me quedé sorprendida por el abandono que saltaba a la vista ya en el primer pasillo. Allí donde al lado del conserje había guardarropas, ahora no quedaba más que un enorme espacio vacío. Ni percheros, ni nada. Las filas de las sillas metálicas que servían para que los padres pudieran esperar a sus hijos sentados, fueron reemplazadas por unos banquillos muy modernos. Y al pie de la escalera había un guardia de seguridad sentado en una silla.

- ¡Venga, pasa! - le dijo a mi hija creyendo que ella iba a clase acompañada de su mamá.

Subimos la escalera. Increíble. La escalera tenía su imagen de siempre, mientras que podía haber cambiado unas cuántas veces. Todo igual que antes. Fuimos atravesando los pasillos donde el parqué y las puertas eran aquellos que me vieron de pequeña, pero la pintura de las paredes se había descorchado aquí y allá. “Qué raro”, - pensé – “No es un sitio cualquiera, es el Palacio de la Creatividad Juvenil y no una triste Casa de Cultura de algún barrio periférico”.

Sin embargo, las ventanas en cuyos alféizares nos sentábamos para esperar a Gennadi Aliexándrovich, habían sido сambiadas por unas de plástico. Esto estropeaba bastante la imagen de los pasillos y de las salas.

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Todo parecía viejo, como dejado. ¿Era así en la época de mi infancia? Me da a mí que no. Pero, ¿es que me había fijado entonces en ello? Y si me había fijado, ¿era capaz de darme cuenta de estas cosas?

Pero aún me esperaba una sorpresa de verdad.

En aquellas tres salas que llevan al estudio de arte, como siempre, había dibujos enmarcados y colgados en las paredes. Y en aquellas salas encontré… dos dibujos míos. ¡Mis dibujos de aquellos maravillosos años! Debajo: nombre, apellido, edad. “Elena Ostróvskaya, 16 años”. ¡Mi nombre, mi apellido, fui yo la que tuvo dieciséis años!

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Hace unos veinte años dejé de ser alumna de los profesores del estudio de arte. Llevo catorce años viviendo en España. Pero mis dibujos están allí, expuestos en aquellas paredes.


Yo sigo colgada allí...


Basta. Tengo que parar. Tengo que pensar. O no pensar. Sentarme en el alféizar de alguna ventana, da igual que fuera de plástico y no de madera… No puedo seguir caminando, mis pies se niegan a hacerlo. Tengo que quedarme un rato simplemente escuchando el sonido inseguro del piano que se oye de no sé qué aula… No ha sido encontrar los dibujos. Ha sido encontrarme conmigo misma a los dieciséis años.


Pero estaba con mi pequeña hija, y ella me hacía preguntas, y no sólo tenía que contestarlas, sino que debía enseñarle y explicarle tantas cosas…

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Al final llegamos hasta la última sala, y de repente, mientras, indecisa, le enseñaba a mi hija algún trabajo de patchwork que había en la pared sólo para alejar un poco el momento del encuentro, oí unos pasos… y vi a Elena Gennádievna.

Tendrá unos cincuenta años ya, pero sigue delgada y frágil como una adolescente, y su voz que es como la de un pájaro, es única. Esta voz apenas ha cambiado desde que era su alumna y tenía siete años. De repente, al oirla, recordé como mi hermana, cuando aún tenía cinco años, no lograba acostrumbrarse a tratar a Elena Gennádievna de usted, y yo sentía vergüenza por ella.

Elena Gennádievna me abrazó, saludó cariñosamente a la niña y nos llevó a nuestro aula. Tampoco el aula había cambiado desde la última vez que lo vi, sólo que ahora se veían en las estanterías muchos materiales de dibujo caros, de las mejores marcas extranjeras.

Mientras la niña, a la que le dieron papel de color rosa y rotuladores brillantes, estaba dibujando, nos pusimos a hablar de mis antiguos colegas que sí estuvieron en la presentación del catálogo, de la vida del Palacio de ahora, de nuestros antiguos profesores y, por supuesto, de Gennadi Aliexándrovich. Y entonces, como de golpe, me vinieron a la mente montones de recuerdos relacionados con él, y algunos los compartí con su hija.

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Gennadi Aliexándrovich en clase (1970-80)


Le dije que cuando tenía trece años llevaba un diario. Escribía mucho, cosas, quizá, demasiado infantiles, pero también apuntaba allí algunos comentarios que hacía Gennadi Aliexándrovich en sus clases. No había para mí nada más importante que aquellas notas.

Pintar es como luchar”, decía.

También le dije que a menudo soñaba con que llegaba al estudio y Gennadi Aliexándrovich me dejaba un caballete libre y una hoja de papel para que pintara algo. Y me ponía a pintar y no me salía bien…

Salimos al pasillo para hacernos una foto en las salas de la exposición cuando vino otra profesora que me conocía.

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Y así terminó esta vez.


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Re: LIVE in Saint Petersburg

Notapor La_profe » 25 Ago 2018, 23:11

Una visita a los ambulatorios del barrio: ¡viva la medicina rusa!

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Детская поликлиника № 73



Esta vez viajé con mi hija medio resfriada. Durante la semana anterior al viaje estuvo yendo al colegio con una ligera tos a la que no le hice mucho caso. E incluso cuando la vi toser todo el rato en el avión, pensé que más que toser de verdad era jugar, porque se reía y no parecía que estaba mala.

Sin embargo, ya a la mañana siguiente se levantó con algo de fiebre y también los días posteriores. Estaba más débil, prefería estar echada y no tenía ganas de nada.

Cuando, pasados unos tres días, la fiebre seguía ahí, decidí buscar a un médico. Pero, ¿qué médico podía ser?

Los pediatras del Estado se mueven de casa en casa.

Todos los niños rusos están inscritos en los ambulatorios infantiles del Estado que les corresponden por proximidad del domicilio, todos tienen una cartilla y una póliza de salud, y cuando se ponen enfermos no están obligados a acudir al médico para que les examine: el médico va a casa. Gratis.

¿Y si no hay cartilla ni póliza?

- Llévala a un médico de pago. –dijo mi madre.- En el barrio hay clínicas privadas, tiene que haber pediatras. Y también está la famosa “Escandinavia” que tiene todos los especialistas que quieras, se podría coger el taxi e ir allí…
- Tiene que ser súper caro.
- ¿Qué es lo más importante? ¿El dinero o la salud de tu hija?


Nos pusimos a buscar en internet las clínicas privadas que más cerca quedaban de casa y llamar. En ninguna clinica de las cuatro o cinco que había en total había pediatras. Y es verdad: ¿quién les va a pagar habiendo los ambulatorios infantiles del Estado?

Mientras seguíamos buscando, llamó mi hermana desde el trabajo diciendo que en los ambulatorios infantiles del barrio podía haber servicio de pago. Enseguida llamé allí, pero me dijeron que no disponían de un servicio así.

Al final pudimos encontrar un pediatra privado que podía pasar por nuestra casa a alguna hora de la tarde. Pedía 3500 rublos por su consulta. Unos 45 euros. Entonces me senté al lado de mi hija que seguía echada en su cama y me puse a leerle cuentos mientras mi madre salió a comprar. Sólo quedaba esperar. De repente sonó el móvil.
- Vestíos rápido, - dijo mi madre, era ella, - Y acercaos lo antes posible a los ambulatorios infantiles. Os espero allí. ¡Venga, no tardéis!

Resultaba que mi madre, al salir a comprar, pasó por los ambulatorios, habló de mi hija a los de la administración y nos llamaron para una consulta. ¡Los pediatras de los ambulatorios iban a ver a mi hija sin papeles! Era una suerte increíble. Algo nunca visto en este país.

Nos vestimos, cogí todo el dinero en rublos que me quedaba, por si acaso el servicio solicitado más caro que el médico privado cuya consulta no tardé en cancelar, y salimos de casa. Desde mi casa se tarda unos siete minutos en llegar a los ambulatorios, pero el mismo camino puede parecer eterno cuando en la calle sopla un aire frío de junio petersburgués y la paciente no sólo está mal, sino que tiene mucho miedo a los médicos.

Y aún así…
Aún así, a pesar de la incertidumbre y de los nervios, me sentía casi feliz, porque mi hija de cinco años iba conmigo a los mismos ambulatorios del barrio a los que fui yo de pequeña. Me gustaba la idea de que la iban a examinar lás doctoras rusas. Era algo, no sé, simpático.

Por fin, logrando hacernos paso entre las filas de los cochecitos aparcados en las puertas del edificio, entramos. Allí dentro nada había cambiado desde la época de los noventa. Las ventanillas del Registro quedaban frente a la entrada, y había que ponerse los cubrezapatos de polietileno azul que se podía comprar allí mismo por apenas unos rublos de nada.

Los cochecitos, aparcados en la calle. Los cubrezapatos, puestos.

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El "aparcamiento" de los ambulatorios.


Quizá sean éstas las dos curiosidades relacionadas con los ambulatorios en Rusia y con las instituciones de salud en general: no se puede entrar con un cochecito, carrito o silla de paseo de bebé ni se permite andar por las instalaciones sin ponerse los cubrezapatos.

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"Бахилы", los cubrezapatos a tan sólo 5 rublos.


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Un ejemplo.


Mi madre nos estaba esperando en Urgencias que en los ambulatorios infantiles se llama “Боксы”. No estoy segura del origen de esta palabra, pero supongo que viene de “box”, “caja” en inglés. Una caja hermética, ese departamento en el que se atiende a los niños capaces de contagiar a los demás.

Al llamar a la puerta del “box” dije que venía con aquella niña que no tenía póliza ni cartilla y a la que la iba a ver un médico de pago.

- No tenemos médicos de pago aquí, - me contestaron las señoras doctoras sentadas a la mesa, - Aquí todo es gratuito. ¿Nombre? ¿Apellido? ¿Edad?

Tuve que deletrear el apellido español, y el segundo ni lo di, como si no lo hubiera. En Rusia la gente sólo tiene un apellido. Al terminar de escribir, la doctora se puso a examinar a la niña pidiéndola que respirara, que no respirara, que tosiera. Ella lo hacía todo y parecía completamente tranquila.

- Tiene la garganta muy inflamada. Ahora hace falta que la vea el otolaringólogo. Suban a la tercera planta.

Y subimos a la tercera planta con el trocito de papel que nos dio.

- ¿Quién es el último para el otolaringólogo? – pregunté a las madres con niños que ocupaban los bancos del pasillo.
- ¿El último? – se sorprendió una de ellas – Pero si primero hay que llevarles la cartilla…

Cartilla… ¡No la hay!

Llamé a la puerta y puse en la mesa aquel trocito de papel que nos dieron.
- SU CARTILLA – no tardó en decir la doctora que, seguramente, era la secretaria de los otolaringólogos o, más bien, otolaringólogas que había en aquel departamento.

¡Y si sólo fuera la cartilla! Me nombró unos cuantos documentos más de los que ya no me acuerdo.
- Desgraciadamente, sólo tenemos esta hoja – dije.

La doctora se quedó paralizada por un instante y luego dijo que iba a llamar a los “boxes” para hacer unas preguntas. Nos pidió que esperaramos en el pasillo.

Nada más sentarnos nos tuvimos que levantar otra vez porque la misma señora nos volvió a llamar.
- Pasen.

Una joven doctora salió de su despacho para atendernos, y la niña enseguida me dijo en voz baja que era mu guapa. A esas médicos rusas no las tenía nada de miedo, al contrario, parecía que las admiraba. La doctora tenía en las manos nuestra pequeña hoja de papel en la que alguien puso con letra grande: “В гостях”. “De visita”.

La doctora dijo que nos sentáramos y se puso a escribir algo en su cuaderno. No tenía ordenador.
- ¿De dónde son?
- De León.

(Esto no le dice nada. Normal.)
- ¿¿De dónde??
- …De la ciudad de León.
- Ah, no son de aquí.
- No. Somos de España.

Me esforzaba por no sonreír, la situación exigía seriedad, pero no podía evitarlo: lo de “ser de España” sonaba tan cómico.

Entonces la otolaringóloga miró los oidos de la niña y dijo que estaban bien.
- No añadiré nada a la receta de la pediatra. Con eso tiene que ser suficiente.

¿Viva España?

- ¿Cómo lo has hecho? – la preguntó mi hermana a mi madre al volver de trabajar - ¡Si hasta con la cartilla y la póliza suele ser difícil hacer que te atiendan cuando lo necesites! Difícil no, ¡imposible!
- Pues, ya ves…
- Les ha dicho que la niña es extranjera, que si no la atienden, tendrán problemas con el Gobierno de España,
- dije en broma.

En realidad tampoco yo supe cómo lo logró, pero no me extrañaría nada si precisamente el hecho de que el paciente fuera extranjero, es decir, alguien importante, hubiese influido en todo.

¿Cosas de la mentalidad rusa?


Opiniones de las madres de los pacientes de los ambulatorios infantiles № 73 (encontradas en la Runet):

"Это не детская поликлиника, а просто ужас. Развернулись и пошли. Не допроситься ничего. Запись на сто лет вперед. Организовано все на самом низком уровне... Слов уже нет" ("No son ambulatorios infantiles, es un horror. Nos dimos la vuelta y nos fuimos. No hay manera de conseguir nada. La lista de espera es para los próximos cien años. La organización pésima. No hay palabras")

"Невообразимо попасть к врачу. В боксе битый час просидели. Никто не явился. Записаться к специалисту вообще труба. На фиг эту поликлинику." ("Es inimaginable hacer que te vea el médico. Nos perdimos una hora entera en los boxes. No apareció nadie. Y no te dan cita ni de coña. ¡Al diablo con estos ambulatorios!")

"Номерок поди получи, а когда он есть, то ещё нужно отсидеть два часа, чтобы тебя две секунды посмотрели..." ("No te quieren dar cita, y si la tienes, te hacen esperar dos horas en el pasillo para atenderte en cuestión de segundos...")


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Notapor La_profe » 02 Sep 2018, 22:49

La nueva parada del metro “Begováia”: ¡aquí sí hay playa!

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La parada de metro “Begovaya” («Беговая») se abrió al público a finales de mayo de este año, y fue todo un descubrimiento tanto para mí, como para todos aquellos petersburgueses que han tenido tiempo de visitarla.

En cuanto a la gente de mi barrio, tiene una pequeña ventaja: si quiere ir a la “Begovaya” le basta con coger el metro y atravesar la línea “Nevsko-Vasileostróvskaya” de punta a punta. Puede que sea un poco largo el trayecto, unos 40 minutos en total, pero no hace falta cambiar de línea. Te montas en en tren aún vacío, te sientas donde quieras, te pones los cascos o abres un libro y a disfrutar…

La “Begovaya” es una pequeña obra de arte. Bonita, moderna. Nunca en mi vida he visto estaciones de metro así. En Petersburgo no hay ninguna parecida. En Madrid creo que tampoco. Está diseñada en dos colores principales: el naranja y el metálico. El tren llega a la “Begovaia”, el pasajero baja del tren… y aparece en el futuro. Como en las películas.

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Cuando salimos del metro, me di cuenta de que todo me era desconocido. Nunca había estado en esa parte de la ciudad. Era como si no fuera Petersburgo sino, no sé, ¿Moscú?

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Y fuimos a la playa. Está a unos 5 minutos andando desde el metro, primero hay que coger una de las caller principales del barrio, luego atravesar el Parque de los 300 años de San Petersburgo, nuevo también.

Nada más entrar en el parque vimos una hermosa fuente. Era de las más grandes que había visto jamás. Como hacía calor y el agua del Golfo de Finlandia de aquella zona no se consideraba muy limpia, los niños e incluso los adolescentes se bañaban en esa misma fuente, algunos en calzoncillos. ¡Una diversión mucho mejor que las de Peterhof! Y en los caminos del parque había gente vestida sólo con el bañador, muchos tenían el pelo mojado porque acababan de refrescarse en la fuente o en la playa. Era como si se tratase de una ciudad balneario, y es muy especial tener esta sensación sin salir de Píter.

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La playa era perfecta, el agua del mar Báltico brillaba y chispeaba bajo el sol y lo único que estropeaba esa imagen casi impecable era el cartel de “Prohibido bañarse”. Y en efecto, casi nadie se bañaba, aunque había mucha gente en el borde del agua. Si no se bañaban, no era por el cartel (aunque siempre es mejor hacerle caso), sino porque el agua aún estaba bastante fría.

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Otra cosa importante para la ciudad es el rascacielos Lakhta Center que se está construyendo en esa zona de la ciudad y, por lo tanto, se ve perfectamente desde cualquer calle del barrio y desde la misma playa.

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Una historia más.

Aquel día que fuimos a la “Begovaya”, al llegar al metro, de repente oímos un mensaje que sonaba una y otra vez en los altavoces: “La parada está cerrada temporalmente….etc”.
- Han vuelto a encontrar algúna bolsa tirada por ahí… - dijo mi hermana - ¿Vamos a esperar a que vuelvan a abrir o cogemos el autobus para ir hasta la siguiente estación de metro?
Cuando llegamos a la parada de autobús, acababa de llegar uno. Mientras la gente bajaba, mi hermana dijo:
- Mira, toda esta gente está ahora bajando del bús para coger el metro y seguir su ruta. Ninguno de ellos sabe que el metro está cerrado, si lo supuiran, permanecerían dentro para ir hasta la siguiente estación. ¡Pero nadie se lo va a decir! Y bajarán, y volverán a la misma parada unos minutos más tarde para coger el siguiénte autobús, para volver a pagar…
- Claro.
- Todo esto ya pasó una vez, un día ya habían cerrado nuestra estación por unas cuantas horas. Y entonces, igual que ahora, la gente bajaba del autobús, y los que iban a subir, estaban simplemente esperando a que bajaran. ¡Sin decirles nada! Porque si les hubieran dicho que el metro estaba cerrado, habrían tenido que viajar en un autobús lleno a tope sin poder sentarse y estar a gusto. Si lo ves desde fuera sin saber lo que pasa, parece todo normal: unos bajan, otros suben. ¡Pero es una vergüenza!



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Re: LIVE in Saint Petersburg

Notapor La_profe » 01 Oct 2018, 22:21

El Glavpochtamt: la oficina central de correos de San Petersburgo.

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El Glavpochtamt, la oficina central de correos de San Petersburgo, está en la calle Pochtámtskaya, al lado de la catedral de San Isaaс.

El servicio de correos se fundó en la ciudad unos años después de su nacimiento en 1703. Ya en 1714 se abrieron en ella oficinas pequeñas de paquetería que pronto se unieron para ocupar la planta baja de un edificio en la calle Novo-Isaákievskaya y luego se construyó un edificio grande que recibió el nombre de Pochtamt. La calle pasó a ser Pochtámtskaya también.

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El nombre.

La palabra "почтамт" (en alemán “postamt”, de “post” – “correo” y “amt” – “servicio, institución”) significa simplemente “correos”. Y por supuesto, como todo lo alemán estaba de moda en aquella época, no es raro que al correos de Petersburgo le hubiera sido otorgado un nombre así.

La "cúpula-linterna"

En el siglo XIX, cuando el Pochtamt ya llevaba años funcionando dividido en dos edificios, el viejo y el nuevo, se decidió unir ambos por medio de una galería. Entonces todas las casuchas que había en el enorme patio quedaron desmontadas y el mismo patio fue transformado en una enorme sala cubierta por un tejado de cristal. En la arquitectura tiene nombre de la “cúpula-linterna”.

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Merece la pena visitar la sala de operaciones del Glavpochtamt para poder ver desde dentro esa cúpula de cristal construida en los años 1902-1904.

Los empleados del Pochtamt dicen que la sala se ilumina a través del tejado incluso cuando es de noche y está nevando.

El poste "kilómetro cero".

Otra cosa que pueda ser un objeto de interés turístico es la “nuleváia verstá” (“kilómetro cero”). Se trata de un poste de piedra colocado en la misma sala de operaciones. En la época en que había empezado la construcción de la ciudad todos los caminos salían desde ese poste que, a pesar de estar ya dentro de un edificio, lleva ya siglos en el mismo sitio.

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La Pochtámtskaya de mi padre.

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En los 1960


El edificio de Glavpochtamt siempre me recordará a mi padre que vivió en la calle Pochtámtskaya con sus padres cuando era adolescente. Lo curioso es que hasta este año no sabía en qué número vivían exactamente, y cada vez que paseaba por la Pochtámtskaya, fuera durante los últimos años o durante los años de mi propia adolescencia, me fijaba en todas las puertas y en todas las ventanas de las casas de ambas aceras como si algún pequeño detalle me pudiera dar esa información.

- ¿Cómo? ¿No lo sabes? - se sorprendió mi hermana cuando este junio de repente salió el tema en nuestra conversación, - Vivían en la casa número 4, justo al lado de la plaza Isaákievskaya. Ahora es un ehorme hotel de lujo, todo reformado. Pero, ¿sabes? Quizá la mejor vista a la catedral se abra precisamente desde ese portal. ¿Te imaginas vivir allí?

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Desde el portal de la casa número 4


Él vivió allí.
Y todos los días, al salir a la calle para ir al colegio o donde fuera, veía la preciosa catedral de San Isaac que estaba justo al lado. A dos pasos.
Y si en vez de tirar a la derecha iba a la izquierda, a los mismos dos pasos se encontraba el Glavpochtamt.

Y el Glavpochtamt sigue allí.


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Re: НОВОЕ LIVE in Saint Petersburg

Notapor La_profe » 17 Oct 2018, 22:21

La magia del Mundial 2018 en las calles de San Petersburgo.

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El Mundial de Rusia 2018 dejó en mi memoria un recuerdo de la Nevski llena de los hinchas iraníes cantando y bailando en plena calle, los egipcios vestidos de faraones gritando algo desde las ventanas de los hoteles del centro de la ciudad y pasándolo bomba, los marroquíes agitando su bandera roja en las esquinas de las calles principales y haciéndose fotos con las jóvenes petersburguesas…

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Recuerdo el mensaje que se había grabado para los días del Mundial y que había sonado desde las altavoces del metro cada vez que el tren se acercaba a la parada de “Gostiny Dvor”.
- The next station is Gostiny Dvor, FIFA Fan Fest. Transfer to the Nevsky Prospekt station, line 2».

Las tiendas llenas de recuerdos del Mundial, el lobo Zabivaka en todos los escaparates, en los pines, en las camisetas, en las jarras, en forma de juguetes de todo tipo…

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Y lo que a mí me gustó era que la ciudad de repente se había llenado de los turistas extranjeros de habla hispana que apenas se podía ver otros años: peruanos, chilenos, mexicanos… Siempre ha habido alguno, pero este año hubo muchos. Familias enteras, familias numerosas. Fue algo muy bonito. Y tuve una sensación extraña, pero muy agradable de que esa gente para mí no era extranjera. ¿Cómo puede ser extranjera si hablamos el mismo idioma? No, extranjera no, de ninguna manera.

Y fue genial el poder intercambiar alguna palabra, hacer alguna foto juntos, tener una pequeña charla…

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- Te has perdido lo mejor, - me dijo mi hermana un día, ya a finales de junio o a primeros de julio, cuando ya había vuelto a León, - Hoy la ciudad está llena de argentinos. ¡Una pasada! ¡Es como si Píter de repente se haya vuelto una ciudad argentina! ¡¡Uuuy, lo que te has perdido!!

Qué le vamos a hacer.

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Re: UPDATE LIVE in Saint Petersburg

Notapor La_profe » 03 Dic 2018, 23:56

El tranvía petersburgués cumple 110 años.

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Los primeros tranvías empezaron a circular por San Petersburgo en 1907, mientras que en algunas otras ciudades del país los habitantes ya se habían acostumbrado a este tipo de transporte público.

Al principio el viaje en tranvía permitía recorrer las zonas céntricas de la ciudad. Se podía ir, por ejemplo, desde la plaza del Senado hasta la isla Vasílievski o hasta el barrio de Petrogrado. Los primeros tranvías petersburgueses fueron fabricados en el extranjero y carecían del asiento para el conductor: tenía que trabajar de pie.

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1907


Ya a finales de octubre de 1907 se abrió la línea de tranvía que seguía la calle Sadóvaya desde la avenida Nevski hasta la plaza de Pokróv (ahora es la plaza de Turguiénev). Hasta ahora sigue siendo uno de los trayectos más importantes para los ciudadanos que tienen que desplazarse a aquella parte de Píter que, por ahora, no tiene ninguna parada de metro. Y para mí es el trayecto más especial, porque el tranvía me lleva desde la Nevski hasta aquella casa en la que viví de pequeña.

Lo curioso es que en los primeros tranvías había asientos de primera y de segunda clase y el precio del billete variaba. Dentro de cada tranvía, igual que ahora, había un empleado cuyo deber era vender los billetes y comprobar los billetes ya comprados. Ahora este oficio tiene el nombre de “kondúktor” y en los tiempos ya lejanos se llamaba “vagónovozhátiy”. ¿Qué nombre os suena mejor?
Para el año 1914 ya se podía ir en tranvía por casi todas las calles principales de la ciudad. Y en 1917 en San Petersburgo había 29 líneas de tranvía.

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antes


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ahora


Durante el primer invierno del Sitio de Leningrado, el de 1941-1942, los tranvías quedaron congelados en las calles. Pero la gente, a pesar de estar débil, enferma y hambrienta, aún seguía intentando hacer una vida normal y necesitaba su transporte de siempre. Por eso, a pesar de las dificultades propias de la guerra, el tranvía fue recuperado y en abril de 1942 volvió a recorrer las calles de la ciudad llevando no sólo a los viajeros, sino también armas, paquetes de ayuda militar, etc. Ahora en la ciudad existen dos monumentos al tranvía del Sitio de Leningrado. Iré a verlos algún día.

Aún hoy el tranvía es el transporte público más importante de la ciudad. El metro le hace competencia, pero hay mucha gente que, sin duda alguna, preferirá el tranvía. Y lo que sí es verdad es que en tranvía se puede llegar donde uno quiera. Puede que tengamos que cambiar de un tranvía a otro unas cuantas veces hasta que alcancemos la dirección que necesitamos, o puede que el aguantar los atascos sea todo un reto… Pero no dejan de ser viajes muy especiales (mucho más que en el metro o en el autobús) y muy cómodos, que, además, permiten disfrutar sin prisa de los paisajes.

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40 rublos son aproximadamente unos 0, 60 céntimos de euro


Que el tranvía no desaparezca nunca de las calles petersburguesas. Pero nunca.
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Re: НОВОЕ LIVE in Saint Petersburg

Notapor La_profe » 16 Dic 2018, 23:21

El concierto de "Torba na kruche".

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“Torba na kruche” es un grupo petersburgués de rock alternativo que existe desde los noventa. Su solista, Maks Ivanov, que, además de tener buena voz, toca profesionalmente la viola, le dio ese nombre siendo un gran admirador de los libros de Tolkien. “Torba na kruche” no es otra cosa que la traducción al ruso del “Bag End”.

No sabía nada de este grupo hasta que mi hermana me envió algunas canciones hace unos años. Las escuché por cortesía más que por curiosidad. No pensé que aún quedaba música que me podía llegar al alma de esta manera: para entonces ya apenas escuchaba algo muy de vez en cuando.

“Cутками молчишь»
https://www.youtube.com/watch?v=OJagdVa ... w&index=18

«За прошлым прошлое»

https://www.youtube.com/watch?v=EyH0Zje ... w&index=18

«Все мысли о тебе»

https://www.youtube.com/watch?v=FvtWc1R ... 9k_GSejoxw


Casi me hicieron llorar estas canciones. No sé qué tienen. O sí sé. Creo que tienen ese aire, o más bien viento petersburgués que logro percibir a través de sus letras, de la voz del cantante, de los acordes. Ya que puede haber una música muy andaluza o muy gallega, ¿por qué no puede haber música petersburguesa? ¡La hay! Es “Torba na kruche”.

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Макс Иванов


Desde que escuché aquellas canciones de “Torba” y me gustaron tanto, pasaron ya unos años. Durante estos años podía haber escuchado todo lo compuesto por Maks Ivanov y su grupo, o hacer un playlist de canciones que más me gustaban para escucharlas seguidas. Y no lo hice.

Recuerdo como un profesor de literatura europea del siglo XIX nos dijo que un libro (no diré cuál) hizo que estuviera literalmente enfermo una vez que terminó su lectura. No podía trabajar, evitaba hablar con gente, apenas dormía hasta que se le fue pasando. Lo mismo puede ocurrir con alguna película o con la música. Temí que algo así me podía pasar con las canciones de “Torba”.
Si queres poder trabajar, estar con tu familia, hacer cosas, etc., me dije, no escuches a “Torba na kruche”. Y no lo escuché. O apenas lo escuché.

Mientras tanto mi hermana sí que tuvo la valentía de esucharlo. Poco a poco aprendió todas las canciones y no perdía ningún concierto de los que daban en Píter. No pensé que tendría la suerte de estar en alguno de ellos. Son muy escasos, tiene que coincidir demasiado bien todo para que yo-pueda-ir-a escuchar-un concierto así.

Pero sí que tuve esta suerte. Ella compró dos entradas.

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La mañana después del concierto mi hija y yo volvíamos a España. El vuelo salía a las 5 45 de la mañana. El concierto era la noche anterior y empezaba a las 20 30.

Lo que suelo hacer el último día en Píter es salir por la mañana y dedicar la tarde a las preparaciones. Cuesta despedirse de la ciudad a la tarde-noche. Pero esta vez fue diferente.

La Isla Vasílievski. Allí teníamos que ir, al centro de conciertos y exposiciones “Erarta”. Salimos del metro en la “Vasileostróvskaya” y nos dirigimos allí mirando el mapa en el móvil. Había llovido, hacía algo de frío y la avenida Sredni aparecía como lavada, y sus palacetes tristes del siglo XVIII que no tienen nada que ver con el centro tan europeo provocaban en mí ese inoportuno cariño que hace que tanto me cueste despedirme de la ciudad.

Iba al concierto que me emocionaba aún antes de haber empezado y devoraba con los ojos las vistas alrededor como si fuera por última vez. Siempre es así.

El “Erarta” en el que nunca antes había estado se llenaba cada vez más de gente. Gente joven y no tan joven. Gente formal e informal. Gente capaz de apreciar esta música.

Y empezó el concierto. Fue algo único en mi vida. Para mi hermana fue uno de ellos y para mí fue “el concierto”.

Volvimos por las mismas calles, hicimos un largo viaje en el metro, llegamos a casa ya pasada la medianoche y nos fuimos a dormir. Tenía dos horas justas para descansar, luego tenía que despertar a la niña e ir al aeropuerto. No dormí ni un solo instante.

Y luego, ya en el el aeropuerto y después en el avión, aún iba con aquellas canciones en los oídos. Y era una sensación completamente nueva para mí: la de traer la ciudad conmigo, pero no en los recuerdos ni en las fotos, sino dentro de mí.

"Мой идеальный спутник,
Мой персональный ад.
Я знаю, про такое не говорят.
Чёрные дыры в небе
В самом прекрасном есть,
И ты там живёшь,
Когда я жду тебя здесь".

"Мой персональный ад"

https://www.youtube.com/watch?v=moeToWf ... adio=1&t=0

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